Viviane de Beaufort, profesora de Derecho de la Unión Europea en la escuela de negocios francesa ESSEC, presenta el perfil de mujeres emprendedoras en Europa. Así, distingue 3 grandes categorías:
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|| 08-03-2010:
· Generación Y: las mujeres entre 22 y 30 años
Con una media de tres años de experiencia profesional y una solida formación, estas jóvenes no se adhieren al modelo de la gran empresa. Salen deliberadamente del sistema reivindicando su autonomía. Buscan una formación dirigida a comprobar la pertinencia de su proyecto de empresa y se juegan mucho sobre los contactos (incluyéndose las redes sociales). Esta tendencia se afirma en todos los países europeos, particularmente en Europa Central y en los países de Sur como Francia.
· Generación X: las mujeres entre 45 y 55 años
Tituladas, tras una carrera brillante en empresas con funciones «sectoriales », no quieren quedarse en un segundo plano y eligen salir del sistema creando su empresa capitalizando su experiencia y la fuerza de sus contactos. Estas mujeres crean con el objetivo de acceder a la dirección de empresa, buscan una formación dedicada a competencias transversales en gestión. Las encontramos principalmente en los países anglosajones y escandinavos pero también en Francia.
· Las «olvidadas»: las mujeres entre 45 y 60 de años sin titulación
Con poca o ninguna titulación, están a menudo en busca de empleo y fin de derechos, buscan una formación dedicada a capitalizar sobre los fundamentos de gestión y salir de su aislamiento beneficiándose de los contactos y sus posibilidades de coaching. Crean su empresa para crear su empleo y son cada vez más numerosas en los países del Sur de Europa como Francia.
Por último destaca una tendencia, proveniente de Estados Unidos, las « mums » que ganan presencia en Europa, sobre todo en los países anglosajones y en Francia. Se trata de jóvenes empresas en baja de maternidad que no desean volver a la empresa clásica y deciden lanzar su propia actividad en relación a su estatus “madre joven consumidora”
Además estos tipos y tendencias, el estudio muestra varios puntos en común entre los países europeos: Una autocensura que perdura (riesgo de tener una vida personal y responsabilidades de familia perturbadas por la inversión requerida) y un estereotipo masculino del empresario que se mantiene y obliga a las mujeres creadoras a “probarse” constantemente. En este sentido, destaca que se precisan formaciones cortas y un acompañamiento ya adaptadas para ayudar a las potenciales creadoras que superen los obstáculos externos e internos. El informe ha dado pie a la puesta en marcha de iniciativas especificas de apoyo a las mujeres entre ellas el programa “Emprender a lo femenino” de la escuela de negocios francesa.